
Empanadas gourmet
Las hago yo, una por una: masa propia, rellenos de autor e ingredientes elegidos a mano. Van congeladas para tu freezer o recién horneadas a tu mesa.
Consultame por las empanadas ↗Cocino empanadas de autor y cenas privadas en tu casa. Me ocupo de todo, del mercado a la última copa, para que vos no te levantes de la mesa.

Una tarde entre amigas, una cena en pareja o la celebración que venís planeando. Yo me ocupo de la comida, del servicio y de los detalles; vos, de tus invitados.


Hace veinte años que cocino para mesas así.
Elegí la ocasión: yo pongo los sabores, la mesa y la atención.

Las hago yo, una por una: masa propia, rellenos de autor e ingredientes elegidos a mano. Van congeladas para tu freezer o recién horneadas a tu mesa.
Consultame por las empanadas ↗
Armamos el menú juntos, cocino en tu casa y sirvo cada paso. Cuando me voy, la cocina queda como la encontré. Si querés, también resuelvo la mesa: alquiler de vajilla, decoración, ambientación y música o DJ.
Quiero mi cena privada ↗Amaso, relleno y cierro cada empanada el mismo día. Te las llevo congeladas, en su caja, para que las tengas en el freezer y las hornees cuando se te ocurra; o recién horneadas, si la juntada es esta noche.
Elegís cuántas y de qué. Los gustos rotan según lo que consigo bueno esa semana.
Van en caja cerrada, con el horno y los minutos anotados. Si las querés calientes, coordinamos la hora.
Combinamos día, franja horaria y dirección por WhatsApp.
Doce al precio de diez. Pedido mínimo: una docena. Envío no incluido. Precios en pesos.
Pedir mis empanadas

Una mesa bien puesta. Sabores que sorprenden. Conversaciones que siguen mucho después del último plato. Eso es lo que busco cada vez que cocino en una casa.


Llegué a la cocina por el rugby, aunque suene raro. Jugué, después entrené hasta dirigir en primera, y de ese mundo donde todo parece pasar dentro de la cancha me quedé con la otra parte: la mesa de después. La comida que alguien preparó, la sobremesa que nadie quiere terminar. Ahí entendí lo que desde entonces sostiene mi cocina: lo importante no pasa en el plato, pasa alrededor del plato.
Lo que empezó como una excusa para juntar gente se me fue volviendo oficio. Veinte años de cumpleaños, aniversarios, reuniones de amigas que se juntan a celebrar algo, cenas de fin de año y almuerzos largos de domingo. Mesas de ocho y mesas de cuarenta, en casas ajenas y con cocinas prestadas. Nunca como profesión: siempre por gusto. Primero me pedían que cocinara. Después empezaron a pedirme fecha.
De entrenar me quedó lo que no se improvisa: que el resultado del domingo se construye el martes, que a un grupo hay que leerlo antes de hablarle, y que el plan se arma para la gente que vas a tener en la mesa, no para una mesa ideal. Un menú funciona igual: lo pienso antes, lo ajusto a quienes se van a sentar y, cuando llega la noche, tiene que parecer que salió solo.
Hay una regla que no negocio: la que invita no cocina. No entra a la cocina, no sirve y no levanta nada. Se sienta con sus invitados desde el primer brindis hasta que se van. Eso incluye la mesa puesta, el cuidado en cada plato y la cocina tal como la encontré.
Por eso Casa Bonino es chico y va a seguir siéndolo. No tengo salón ni hago dos servicios la misma noche: tomo pocas fechas por mes y me obsesiona que cada mesa se sienta la única. Veinte años después, la diferencia es que ahora la mesa puede ser la tuya.
No soy chef. Soy el que cocina.Diego Bonino
Probadas en veinte años de mesas, no sacadas de un manual.
Lo armo para tus invitados, no para un catálogo.
Ni servís ni levantás nada: te quedás sentada en tu propia mesa.
Qué vas a celebrar, dónde, cuándo y con cuántas personas.
Elegimos juntos el menú, el formato y cada detalle.
Compartí, brindá y dejá que la noche siga su propio ritmo.
Contame qué tenés en mente: unas empanadas para compartir o una cena privada para celebrar algo que vale la pena.